sábado, 14 de septiembre de 2013

El marco de referencia

Suelen ser muchas y variadas las causas de los conflictos entre las personas, pero de forma un tanto reduccionista podríamos decir que hay un origen común: el marco de referencia.

Todos tenemos una opinión más o menos formada de cómo tienen que ser las cosas, las relaciones entre las personas o el comportamiento de un individuo determinado. Esa idea de cómo tiene que comportarse esa persona, sea con los demás o conmigo, se ha ido configurando a lo largo del tiempo principalmente a través de la influencia cultural y familiar que hemos recibido; esas creencias y valores que habremos adquirido será nuestro marco de referencia para interpretar la realidad, nuestra realidad más subjetiva.

Un efecto perverso que tiene nuestro marco de referencia es que nos equipa con una manera determinada y muy posicionada de ver las cosas y nos hace creer que esa manera de ver las cosas es la única viable. Nos despoja de esa flexibilidad mental tan necesaria para intentar comprender la perspectiva que adopta el otro.

A menudo los problemas y las desavenencias se presentan cuando dos personas quieren encontrar una solución a un conflicto pero sus marcos de referencia se encuentran alejados. Si no se tiene la paciencia, el respeto y la comprensión suficiente hacia el marco de referencia del otro, es muy probable que esto nos lleve a un distanciamiento o a un incremento de la tensión en la relación que puede terminar con la ruptura, si no se adoptan las medidas oportunas.

Un ejercicio saludable para la convivencia con los demás y con nosotros mismos, sería cuestionarnos de vez en cuando nuestro marco de referencia, en el sentido de no darle un valor de verdad absoluto, pensar que nuestras opiniones, juicios de valor y demás, algunas veces son ciertas, otras parcialmente ciertas y otras veces serán totalmente erróneas.

                                                                                           

lunes, 19 de agosto de 2013

Si pudiéramos establecer una distinción un tanto radical entre las personas, podríamos realizar dos grupos: a) los que no se hacen preguntas y b) los que sí se hacen preguntas. Pues bien, este blog está destinado al segundo grupo, es decir, a los que se plantean cuestiones a veces un tanto metafísicas y otras veces más terrenales con la clara intención de poner luz donde antes había oscuridad. No pretendo ser pretencioso ni dar respuestas a todas las preguntas, sólo aportar mi visión de las cosas fundamentadas con mi formación en psicología y con mi experiencia de muchos años vividos.

El porqué del título del blog "Buscando el Camino" se debe a dos de mis pasiones: el caminar y la psicología; dos maneras distintas pero complementarias que nos pueden ayudar a encontrar el Camino.
Hace casi veinte años que Paulo Coelho, a través de uno de sus libros, sembró en mí la semilla de la curiosidad por descubrir la alquimia del Camino de Santiago. Sería años más tarde, concretamente el 2005, cuando me iniciaría en ese fascinante Camino y ya no dejaría de regresar a él año tras año.

Podría contar numerosas anécdotas y mágicos momentos que he vivido a lo largo y ancho de mis Caminos, apasionantes e interminables charlas con peregrinos anónimos, buscadores de Caminos. Pero si tuviera que destacar algo de todas las cosas que el Camino me ha enseñado me quedaría, sin duda alguna, con el hecho de que tanto en el Camino de Santiago como en el de la vida hay que procurar que el equipaje sea lo más ligero posible. 

También es cierto que mi formación como psicólogo ha redondeado esa visión que hoy tengo sobre la vida y sobre sus tortuosos "caminos". Me gustaría que este blog se convirtiera en un cruce de caminos, un espacio donde podamos aportar un poco de luz a la oscuridad, para que los obstáculos que nos encontremos puedan hacerse un poco más visibles.


J. V.